Llegué a mi apartamento y me dejé caer en el sofá, exhausta. Un rato después, escuché el timbre. Fui a mirar quién era y sonreí al ver a la señora Elena, la mujer que me ayudaba a limpiar y me enseñaba a cocinar de vez en cuando. "Buenos días, señora Elena", dije, abriendo la puerta. "Pase". "Buenos días, hija", respondió ella, saludándome con cariño. Habíamos trabajado juntas durante mucho tiempo, así que ya nos teníamos confianza. "Voy a empezar con mis labores", dijo, dirigiéndose a la cocina. Luego me miró, "No te vez muy bien", ¿Estás bien? preguntó. "Sí, claro. Gracias, señora Elena", dije, intentando sonreír. Me sentí un poco culpable por no decirle la verdad, pero no quería preocuparla "Después de limpiar aquí, usted ya tiene el día libre para ti. Yo me encargo de mi habitación más tarde", dije. La señora Elena me miró con una expresión de preocupación, pero no dijo nada. Se limitó a asentir y a seguir con su trabajo. Me dirigí a mi habitación, sintiendo un nudo en
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