Amelia sentía que sus dedos temblaban contra el cuero del asiento, una vibración interna que amenazaba con despojarla de la poca compostura que le quedaba. Sus piernas se apretaban con fuerza una contra la otra, tratando de crear una barrera física en ese espacio tan reducido, mientras sus ojos, casi de forma traicionera, se fijaban en las venas que marcaban el cuello de Alessandro. Se veían duras, tensas, al igual que sus manos sobre el volante, las cuales apretaba con una fuerza desmedida, como si estuviera conteniendo las ganas de hacer algo drástico. ¿Pero qué era lo que lo tenía así? Amelia se removió incómoda en el asiento, sintiendo cómo un sudor frío le comenzaba a recorrer el cuerpo, bajando por su nuca y deslizándose por su piel de manera aceitosa, mezclándose con la humedad del ambiente cargado por la lluvia que golpeaba los cristales.«¿Qué le ocurría?»Mientras tanto, Alessandro no dejaba de verla de reojo. Cada vez que el tráfico se detenía o la luz de los semáforos ilum
Leer más