La suite privada del hospital estaba en completa calma después de instalar a la madre y a la niña. La pequeña dormía profundamente en brazos de Valerio Ferreira, envuelta en una manta color marfil mientras él permanecía sentado junto a la ventana, observándola como si el resto del mundo hubiera dejado de existir. No la dejaba de mirar, sentía que si lo hacía, se perdería aunque fuera un segundo de ella. Franchesca, los observaba desde la cama con una sonrisa suave. Ella apenas se podía mover, seguía cansada, todavía sensible por el parto, pero jamás había visto a Valerio tan completamente enamorado y embelesado, era por eso que todavía no dormía. La bebé hizo un pequeño ruido dormida, fue apenas perceptible, pero el padre lo Escuchó. Él inmediatamente bajó la mirada para hablarle. — Shh… está bien, principessa… Papá está aquí. Franchesca soltó una pequeña risa. —Ni siquiera lloró, querido. La vas a malcriar. —Pero hizo un ruido. Quizás está incómoda, pero... Le ac
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