La nena Violeta, me gusta mucho.
Solo había pasado un mes desde que la pequeña hija del CEO Ferreira y Franchesca Pavioli, llegó a su mundo. Y aun así, ambos sentían que sus vidas enteras habían cambiado para siempre.
El penthouse Ferreira, ya no era silencioso como antes, ahora estaba lleno de biberones tibios, mantitas diminutas, pañales perfectamente acomodados y el sonido más importante de todos:
El llanto de Violeta. Así era como habían llamado a la niña que tanto habían esperado.
La bebé tenía exactamente un mes de n