POV MaraEl mundo se ha reducido a cuarenta y cinco centímetros de piel.Leo está sobre mí. Es pesado, caliente, resbaladizo y huele a hierro y a mar. Su pecho minúsculo sube y baja contra el mío con un ritmo frenético que poco a poco se va acompasando al mío. Tiene los ojos muy abiertos, de un color gris oscuro indefinido, y me mira con una seriedad que me resulta inquietantemente familiar.—Está analizando la estructura de tu cara —susurra Elías.Levanto la vista. Elías está sentado en un taburete bajo, con la cara a la altura de mis hombros. Su camisa de lino, que hace seis horas costaba una fortuna, ahora está arrugada, manchada de sangre en los puños y con cercos de sudor. Nunca le había visto tan deshecho. Nunca le había visto tan guapo.—No me analiza —murmuro, acariciando la espalda húmeda del bebé, que está cubierta de esa grasa blanca—. Me reconoce.—Reconocimiento de patrones —corrige él, acercando su mano pero sin atreverse a tocar al niño del todo, como si fuera radiactiv
Ler mais