POV MaraEl tiempo en la semana treinta y ocho no es lineal. Es una sustancia viscosa, como miel derramada, que se niega a avanzar.Son las cuatro y doce de la madrugada.Estoy sentada en la encimera de la cocina de mármol negro (bueno, medio sentada, medio apoyada, porque subirme del todo requeriría una grúa).Frente a mí, Elías Vázquez, el arquitecto más prestigioso de su generación, está batiendo huevos en un bol de cristal con la concentración de quien desactiva una bomba nuclear.—La temperatura de la sartén es crítica —murmura, ajustando el fuego de la inducción—. Si está muy caliente, la mantequilla se quema y amarga. Si está muy fría, el pan absorbe demasiada grasa y queda aceitoso. Buscamos el punto Maillard perfecto.—Elías, solo quiero una tostada francesa. No busco una estrella Michelin. Busco azúcar y carbohidratos para no comerme a tu primogénito.Él me ignora, por supuesto. Echa un chorrito de leche y una pizca de canela a la mezcla.Lleva sus pantalones de pijama de fr
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