POV Elías
El silencio de la habitación 304 no es real. Es un silencio cargado, denso, interrumpido por los ronquidos suaves de Mara (sí, ronca, y nunca pensé que ese sonido me resultaría tan reconfortante) y los ruiditos alienígenas que hace la cuna de metacrilato transparente a mi lado.
Son las tres de la madrugada.
Llevo veinticuatro horas despierto. Mi traje de tres piezas yace en una silla, arrugado como un acordeón. Estoy en mangas de camisa, con el cuello desabrochado y los pies descalzos