Al día siguiente, la rutina parecía intentar imponerse, pero nada era igual.Elías regresó a la empresa con su habitual porte seguro y dominante, su mirada recorriendo la oficina con esa determinación que siempre lo hacía destacar.Alma estaba allí, sentada en su escritorio, intentando concentrarse en su trabajo como si nada hubiera pasado.Sus manos se movían sobre el teclado con rapidez, sus ojos evitaban encontrarse con los de él, y su corazón se aceleraba cada vez que sentía su presencia cerca.A pesar de estar bajo el mismo techo, Alma decidió no hablar con nadie sobre lo sucedido. Intentó aislarse, sumergirse en tareas y reuniones, fingiendo que todo era normal.Sus compañeros notaron su silencio, pero nadie se atrevió a preguntar, como si todos sintieran la tensión en el aire, ese silencio cargado de algo más profundo.Alma sentía cada mirada, cada suspiro contenido, y su pecho se oprimía con el recuerdo de las palabras de Elías, de su propuesta, de esa mezcla de imposición y du
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