Elyna llegó a casa con el corazón agitado. No había llorado en el trayecto, pero la angustia la acompañó todo el camino. Sentía el peso de las noticias acumuladas: su operación, el riesgo, la boda secreta de su hijo. Todo era demasiado para un solo día.Entró al despacho y encontró a Julián revisando unos documentos. Él acababa de llegar y, al verla, le sonrió con esa tranquilidad que siempre le transmitía seguridad.—Mi amor, ¿cómo te fue en el doctor?Elyna intentó responder con calma, pero al verlo a los ojos, la fortaleza que había mantenido se quebró. Sus ojos se llenaron de lágrimas.—Julián… tengo que operarme. Tengo un problema en el corazón y… no debería ni alterarme.Julián se quedó inmóvil por un segundo.—¿Qué?Se levantó de inmediato y la abrazó con fuerza, como si temiera que se desvaneciera entre sus brazos.—¿Qué estás diciendo? ¿Qué problema?—Hay una obstrucción. Si no me opero, puede ser peligroso. Y hasta entonces, cualquier disgusto fuerte puede desencadenar algo
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