CAPÍTULO 45 Lo que queda cuando ya no queda nada Luis estaba trabajando en la empresa de su padre, haciendo malabares entre intentar salvar la empresa de Ignacio, revisando números que ya no tenían solución, y su verdadero trabajo con Eduardo, que era ayudarlo a administrar la logística de la empresa de distribución. Habían ganado algunos clientes que antes eran de Ignacio, pero muchos, después de la boda con Natalia, decidieron no continuar trabajando con los Fernández. Algunos por desconfianza. Otros por orgullo. Otros porque el apellido ya no representaba lo mismo. El despacho estaba lleno de carpetas abiertas, balances subrayados en rojo y llamadas que nadie quería atender. El aire estaba espeso. Como si el fracaso tuviera olor. Casi al mediodía fue cuando Natalia entró con una energía que no coincidía con el estado de la empresa. Sonrisa amplia. Zapatos resonando con seguridad. Perfume más intenso de lo habitual. Entró acariciando su vientre como si ese niño hubiera venido
Leer más