CAPÍTULO 48 — La casa que ya no es hogar
Luis manejó sin ver el camino.
No recordó haber doblado en la avenida ni haber frenado en los semáforos.
No recordó el momento exacto en que decidió no volver atrás.
Solo recordó la mirada de Lissandro.
No había corrido detrás suyo.
Y eso fue peor.
Porque el silencio de Monteiro no era debilidad.
Era aviso.
Y él lo sabía.
Cuando llegó a la casa, vio todas las luces encendidas.
Natalia estaba de pie con el teléfono en la mano, en la m