CAPÍTULO 40 La mujer que creyó que ganabaNatalia entró como si el edificio le perteneciera.Vestido suelto.Maquillaje suave.Perfume calculado.Nada que marcara el vientre.Nada que revelara debilidad.Si alguien la miraba, veía elegancia, seguridad, dominio.No una mujer empujada contra el abismo.La secretaria la anunció y la puerta del despacho se abrió con un movimiento silencioso.Lissandro Monteiro estaba de pie detrás del escritorio, impecable dentro del traje oscuro, la expresión medida, educada, imposible de leer.A un costado, Rodrigo ya ocupaba su lugar, con el celular apoyado boca abajo, los dedos entrelazados, el gesto atento de quien no pierde detalle.—Señora Fernández —saludó Lissandro—. Gracias por venir.Natalia dibujó una sonrisa pequeña. Frágil. Ensayada frente al espejo muchas veces.—Gracias a ustedes por recibirme.Caminó con elegancia hasta la silla. Se sentó despacio, cruzó las piernas y acomodó la falda con un gesto que no era casual. El perfume llegó ante
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