CAPÍTULO 46 Lo que ya no tiene vuelta atrás
Luis estacionó frente al OBENT Atelier sin pensarlo demasiado. Llegó allí más rápido de lo que alguna vez hizo por ir a buscar a Ofelia a la puerta de su trabajo. La ironía le golpeó el pecho como una cachetada silenciosa: cuántas veces ella le había dicho “¿podés venir a buscarme?” y él siempre tenía una excusa lista, un cliente, una reunión, cualquier cosa menos ella.
Apagó el motor.
Pero no bajó.
Se quedó ahí.
Con las manos apoyadas sobre el vo