CAPÍTULO 50 Lo que no sabías o eso creía
El auto se detuvo frente al edificio de Ofelia.
Ninguno bajó.
El motor quedó encendido.
La ciudad seguía como si nada hubiera pasado.
Pero adentro del auto el aire estaba distinto.
Ofelia se quitó el cinturón despacio.
No abrió la puerta.
Lo miró.
—Decímelo ahora.
No fue una súplica.
Fue una exigencia tranquila.
Lissandro apoyó ambas manos en el volante.
Miró al frente primero.
Después la miró a ella.
—No soy solo Lissandro Monteiro… el que