CAPÍTULO 250 Lorenzo no pidió permiso Ofelia alcanzó a dar tres pasos hacia el vestíbulo. Tres. Lissandro iba a su lado, con una mano en su cintura y la otra apoyada en su pancita que él ya la veía baja. Renata y Franco estaban cerca de la entrada, despidiéndose entre risas, todavía vestidos de novios, con esa felicidad cansada de quienes ya habían bailado, llorado, abrazado y prometido una vida entera frente a todos. La música seguía sonando suave dentro del salón. Una canción lenta bajita, flotaba entre las mesas con copas medio llenas, los centros de mesa florales desordenadas y servilletas dobladas sin cuidado, como suele quedar una fiesta cuando la alegría ya hizo lo suyo. Alessandra estaba con la cajita de los anillos. Había llevado una misión, había cumplido una promesa y todavía la sostenía como quien guarda un tesoro. Diana estaba sentada, ya cansada con una mano sobre su panza, mirando a Rodrigo hablar con Gianni. Todo parecía estar cerrando bonito. Como si la noche
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