CAPÍTULO 238 La colección de Diana El atelier de OBENT amaneció distinto. No había el silencio elegante de los días de prueba ni el movimiento medido de las costureras ajustando vestidos para mujeres adultas, novias o invitadas de gala. Esa mañana, entre las mesas de corte, los percheros y las luces encendidas, había cochecitos, bolsos de pañales, zapatitos diminutos, vinchas, moños, corbatitas pequeñas y una cantidad de risas infantiles rebotando contra las paredes. Diana estaba parada frente a un perchero lleno de prendas pequeñas, con una carpeta apretada contra el pecho y los ojos brillantes. No eran vestidos cualquiera. Eran sus diseños. Los mismos bocetos que durante años había guardado en cajones, convencida de que quizá no eran lo suficientemente importantes, de que la moda infantil no tendría el mismo peso, de que tal vez nadie querría mirar con seriedad una colección pensada para bebés y niños. Ofelia se acercó a su lado con una mano sobre su vientre ya más grande y la
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