CAPÍTULO 243 El tiro por la culata
Amelia Giménez despertó convencida de que esa vez había encontrado la grieta.
No una grieta grande todavía.
Pero sí una lo suficientemente útil para meter los dedos, abrirla un poco más y obligar a Ofelia Bentancor a defenderse.
Eso quería.
Verla incómoda.
Verla acusada.
Ver a Lissandro Monteiro perder esa seguridad insoportable con la que la miraba como si ella ya no pudiera hacerles daño.
Amelia no soportaba que la hubieran dejado afuera.
No