CAPÍTULO 242 El anillo y la guerra
El final del desfile no tuvo nada de perfecto.
Y quizá por eso fue más hermoso.
Renata salió del cambiador con los ojos brillantes, el rostro todavía encendido por el beso de Franco y el anillo en el dedo como una verdad imposible de esconder. No alcanzó a decir nada. Milagros fue la primera en verla. Después Mía y Diana, que se quedó con una mano sobre su panza y la boca abierta.
—No… —susurró Diana—. ¿Eso es lo que creo?
Renata levantó la mano, riéndose