CAPÍTULO 58. El huracán Ellison
Heidi se quedó completamente muda cuando el rugido de Dax Ellison retumbó en las paredes de aqueñ penthouse. Durante un segundo, el aire pareció enrarecerse entre los dos, como el depredador y la presa que no esperan encontrarse cara a cara.Pero si para él era un shock, para ella era mucho peor, porque no se trataba de Mark, no era esa sonrisa estudiada y peligrosa que sabía desmontarla con una mirada. Era Dax: Treinta y cuatro años, el segundo de los hermanos, el eterno problema de la familia Ellison. Si Mark siempre había sido el sexy, el encantador, el que conquistaba con una media sonrisa y una copa en la mano, Dax había sido el bruto, el rebelde, el que no pedía permiso ni perdón y siempre acababa haciendo un desastre, caminando hacia el atardecer con la explosión a su espalda, algo así como Vin Diesel… pero con pelo.Y en ese momento tenía la misma expresión que cuando estaba a punto de romperle la cara a alguien.—¿Qué…? Dax… ¿haces aquí? —alcanzó a decir Heidi, aunque la voz
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