CAPÍTULO 57. ¡Por todos los hombres idiotas!
Lauren dudó unos segundos antes de aceptar aquella invitación de la muchacha. Era demasiado joven, rubia, con ese aire casi ingenuo que no parecía capaz de formar parte de ninguna conspiración. Pero aun así, después de lo que acababa de pasarle, desconfiar era casi un reflejo automático.
—No puedo ir por un café —dijo, bajando la vista hacia su bata—. Lo siento, estoy casi en pijama.
Pero la chica se quitó su propia gabardina y la cubrió con ella sin dudarlo.
—Vamos, vamos —insistió mientras la