CAPÍTULO 58. El huracán Ellison
Heidi se quedó completamente muda cuando el rugido de Dax Ellison retumbó en las paredes de aqueñ penthouse. Durante un segundo, el aire pareció enrarecerse entre los dos, como el depredador y la presa que no esperan encontrarse cara a cara.
Pero si para él era un shock, para ella era mucho peor, porque no se trataba de Mark, no era esa sonrisa estudiada y peligrosa que sabía desmontarla con una mirada. Era Dax: Treinta y cuatro años, el segundo de los hermanos, el eterno problema de la familia