Jeremy volvio a tomar posesion de los labios de su esposa y Diana volvio a entregarse a aquella sensación placentera. El beso terminó de forma lenta, como si el tiempo mismo se negara a avanzar. Sus labios se separaron apenas, y el aire volvió a existir entre ellos, pero ninguno se movió de inmediato. Diana podía sentir su propia respiración irregular, podía escuchar el latido furioso de su corazón retumbando en sus oídos, podía sentir el calor que aún permanecía en su piel. Fue ella quien romp