La noche continuó avanzando lentamente sobre Londres. Las luces de la ciudad brillaban más allá de las ventanas del departamento de Edith, mientras la lluvia había desaparecido por completo, dejando un silencio agradable que envolvía los edificios y las calles. Dentro del apartamento, sin embargo, el ambiente era muy diferente. La conversación sobre Jeremy y Diana había terminado hacía varios minutos. Las copas de vino descansaban sobre la mesa. Y un extraño silencio había comenzado a instalarse entre ellos. No era incómodo. Todo lo contrario. Era uno de esos silencios que aparecen cuando dos personas se sienten demasiado cómodas juntas. Cuando las palabras dejan de ser necesarias. Edith estaba sentada junto a Evans en el sofá. Más cerca de lo habitual. Mucho más cerca. Y aunque intentaba concentrarse en cualquier cosa, era consciente de él. Demasiado consciente. Del calor de su cuerpo. De su presencia. Del suave aroma de su perfume. Del sonido tranquilo de su respi
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