El sonido metálico del rifle de Julian reverberó en los huesos de Aria. Soltó lentamente la mano de Killian, que ardía por la fiebre, y se puso en pie.Sus facciones, antes suaves, se habían endurecido tras una expresión de determinación que ni ella misma reconocía.Caminó hacia la puerta y la abrió de par en par, enfrentándose a la penumbra del porche.Julian estaba allí, una silueta recortada contra la neblina de Montauk, con el arma apoyada contra el hombro.— Baja el rifle, Julian — ordenó ella, su voz era un látigo de seda.— Sabes que es lo correcto, Aria — respondió él sin mirarla, con la mandíbula apretada — Silas cumplirá su palabra contigo si él desaparece. Es tu oportunidad de recuperar el restaurante, la empresa, tu nombre, y todo lo que ese bastardo te arrebató.
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48 El Sacrificio Del Guardián
El pitido del rastreador cortaba el aire como una alarma de bombardeo. Killian soltó un gruñido ahogado y, haciendo acopio de una fuerza que no debería tener, intentó apoyar los pies en el suelo.La herida de su costado protestó de inmediato, empapando el vendaje fresco de un rojo brillante.— ¡No te atrevas, Killian! — Aria puso ambas manos sobre sus hombros, empujándolo de vuelta al camastro — Si te levantas ahora, no llegarás a la puerta. Te desangrarás en cinco pasos.— Es Sophie, Aria… — balbuceó él, con la mandíbula apretada por el dolor — Si ella activó eso, es porque ya no puede ganar tiempo.Julian, que había entrado al escuchar el alboroto, se quedó de pie junto a la entrada, con el rifle aún en la mano, su mirada pasó del rastro de sangre en el suelo al dispositivo parpadeante.&
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49 El Camino De Las Sombras
El frío de la madrugada calaba hasta los huesos, pero Aria no temblaba. Observó las luces de las linternas barriendo el bosque como dedos de un espectro que buscaba su presa.Sabía que, si se quedaban allí, los atraparían antes de que el sol asomara sobre el Atlántico.— Por aquí — susurró Aria, tirando de la manga de la chaqueta de Julian.— Aria, el bosque está lleno de ellos, es un suicidio — protestó él en un susurro cargado de pavor.— Confía en mí, mi padre me traía a estos acantilados cuando era niña, hay una red de túneles de carga oxidados bajo la superficie, los usaban para el contrabando hace décadas, si logramos llegar a la entrada oculta tras el viejo búnker, estaremos a salvo de sus ojos.Se deslizaron entre la maleza, moviéndose con una urgencia silenciosa.Aria guia
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50 El Dilema De La Sangre
El segundero del dispositivo en el cuello de Sophie emitía un chasquido seco, rítmico, un martilleo metálico que retumbaba en las paredes de madera podrida de la caseta de guardacostas.Para Aria, ese sonido era la cuenta atrás de su propia alma, el aire se sentía espeso, saturado por el olor a salitre, pólvora y el miedo primario que emanaba de los poros de su amiga.Aria se arrodilló frente a Sophie, ignorando el dolor de sus rodillas contra las astillas del suelo, observó el artefacto con una mezcla de horror y frialdad analítica.No era una bomba de alta tecnología de las que Killian solía mencionar, era un mecanismo tosco, casi artesanal en su crueldad.Un cierre de seguridad industrial de alta presión, similar a los que se usan en las cámaras frigoríficas de los grandes restaurantes, pero acoplado a un pequeño receptor de radio y una carga explos
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