El silencio en el vestíbulo era tan denso que Aria podía oír el crujido de las peonías agonizando bajo la bota de Killian.
Pero el verdadero estruendo estaba en su pecho. El mensaje de Bianca seguía quemándole las retinas.
« El juego de celos está listo, Killian ».
Él no la soltó.
Su mano seguía apretando su barbilla, obligándola a sostenerle la mirada.
Aria buscó en esos ojos grises una pizca de remordimiento, una señal de que el mensaje era una mentira, pero solo encontró la frialdad de un ab