83. Vamos a oírlos gritar
AlaricEl castillo huele distinto.Huele a duelo.Huele a rabia contenida.Huele a guerra.Es más tarde ese mismo día. El sol ya ha empezado a caer y la luz que entra por las ventanas del ala oeste tiñe las paredes de rojo, como si el mundo estuviera anticipando la sangre que quiero derramar.Camino de un lado a otro en mi estudio, incapaz de quedarme quieto. Mis pasos golpean el suelo de piedra con fuerza, marcando el ritmo de mi furia. Las manos se me cierran en puños una y otra vez, las garras amenazando con salir sin que yo las convoque.Lyra.La imagen de ella encerrada, sola, posiblemente drogada, me carcome por dentro. La sensación del vínculo, débil pero vivo, me recuerda que sigue respirando… y eso es lo único que me mantiene cuerdo.Ismael está apoyado contra la pared, los brazos cruzados, el rostro lleno de golpes, observándome en silencio. Mateo permanece cerca de la puerta, aún pálido, aún cojeando, pero firme.Hace tiempo que ni peleaba con mi beta, pero cuando intenté i
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