89. No eres nada para mi
Lyra
—Hola… papá.
La palabra sabe amarga en mi lengua.
Patrick sonríe aún más al notar la rigidez en mi cuerpo, la forma en que mis hombros se tensan como si alguien hubiera jalado de cuerdas invisibles. Disfruta esto. Disfruta cada segundo de incomodidad, de shock, de dolor contenido.
—Les daré un poco de privacidad —dice con una falsa cortesía que me provoca náuseas—. Luego, Lyra querida, volveré por ti para que continuemos con los ejercicios de ayer.
Mi estómago se contrae.
Los ejercicios.
L