MEGAN Finalmente puedo decirlo sin miedo a romperlo.Estoy feliz.No es una felicidad escandalosa ni perfecta. No es de cuentos de hadas ni promesas eternas. Es una felicidad tranquila, construida a pequeños pasos, a conversaciones incómodas que terminan en abrazos, a miradas que ya no esquivan lo que sienten.Han pasado varios días desde aquella mañana en la cocina. Días donde Asher y yo hemos ido encontrando una especie de equilibrio nuevo. Pasamos tiempo juntos después del trabajo, vemos alguna película, cocinamos sin esa tensión constante que nos obligaba a medir cada movimiento. A veces sus manos buscan las mías de manera natural. A veces soy yo quien se acerca primero.Y cuando las cosas empiezan a descontrolarse —porque el deseo sigue ahí, latente, fuerte— cada uno va a su cuarto.Despacio.Tal como acordamos.Todavía me cuesta creer que ese hombre tosco, reservado, tan obsesionado con el control, tenga sentimientos hacia mí. No los nombra. No los adorna. Pero están en la form
Ler mais