MEGAN Cierro la puerta de la habitación con suavidad, como si el simple gesto pudiera amortiguar el peso de todo lo que acaba de ocurrir. Me quedo de espaldas a la madera unos segundos, respirando lento, escuchando el silencio distinto de este lugar. No es el silencio de mi apartamento, ese que conocía, que me pertenecía. Este es amplio, elegante, casi impersonal. Huele a limpieza reciente y a algo más… a orden excesivo.Camino despacio hacia el centro del cuarto.Es grande. Mucho más de lo que esperaba. La cama es amplia, de líneas sobrias, con ropa de cama neutra. Hay un ventanal enorme que deja entrar luz natural en abundancia, y por un momento me distrae la vista del río allá abajo, extendiéndose como una cinta plateada. Es hermoso. No puedo negarlo.Pero no es mío.Abro la maleta y la dejo sobre el sillón auxiliar. Empiezo a recorrer el espacio con la mirada, tocando con la yema de los dedos el borde del escritorio, la superficie pulida de la cómoda. Todo parece dispuesto con un
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