MEGAN Cuatro meses.Lo digo en mi cabeza y todavía me parece irreal.Cuatro meses de gestación. Cuatro meses desde que mi vida cambió sin pedir permiso. Y, contra todo pronóstico, cuatro meses en los que con Asher las cosas… van demasiado bien.A veces me da miedo decirlo en voz alta, como si la felicidad fuera frágil y pudiera romperse con solo nombrarla. Pero es verdad. Estamos bien. No perfectos. No sin discusiones pequeñas ni silencios incómodos de vez en cuando. Pero bien.Estables.Y eso, para mí, es enorme.Hoy tenemos turno con la ginecóloga para saber el sexo del bebé. Solo pensarlo me acelera el corazón. Me miro al espejo antes de salir y apoyo las manos sobre mi vientre, que ya no es apenas una insinuación: ahora es evidente. Redondo. Presente.—Buenos días, pequeño secreto —murmuro, sonriendo.Escucho pasos detrás de mí.Asher aparece en el marco de la puerta del dormitorio, apoyado contra la pared, observándome con esa expresión que todavía me sorprende: mezcla de ternur
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