Blake StewartLa pequeña capilla de piedra blanca de la hacienda Christian nunca se había visto tan llena. El aroma a incienso, cera de abeja y flores silvestres flotaba en el aire, mezclándose con el murmullo de una familia que, contra todo pronóstico, había dejado de ser un campo de batalla para convertirse en un refugio.Hoy era el bautizo de los cinco. Barrett, Brooks y Lyra vestían largos faldones de encaje que Amelie había mandado traer de Francia, mientras que Sunshine y Dean, bajo la tutela de Grace y Dianne, lucían como pequeños ángeles. Logan estaba a mi lado, impecable en un traje azul marino, sosteniendo con orgullo a Barrett. Yo cargaba a Lyra, sintiendo el peso reconfortante de mi hija contra mi pecho. Pero todas las miradas estaban puestas en el espacio vacío junto a Julian, quien sostenía a Brooks Julius.—¿Seguro que vendrán? —susurró Logan, mirando el reloj de la capilla—. El vuelo de Chicago debía aterrizar hace horas.—Ella prometió que no se lo perdería —respondí,
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