Blake StewartEl silencio de la planta baja se me estaba clavando en los huesos. Tenía el manuscrito extendido sobre el escritorio, las páginas iluminadas apenas por la lámpara de lectura, pero las palabras ya no eran tinta; eran fantasmas. Leonard, Genevive, Chicago, traición. Mis dedos acariciaban el borde del papel, buscando una respuesta que no estaba allí. El miedo es una criatura hambrienta, y esa noche me estaba devorando viva. Me sentía pequeña, vulnerable y, por encima de todo, terriblemente sola.Me abracé a mí misma, sintiendo el movimiento suave de mis bebés. En ese instante, la realización me golpeó con la fuerza de un rayo: podía tener la oficina más lujosa del mundo, podía fundar mil editoriales y descubrir al mejor autor del siglo, pero nada de eso servía como escudo. Lo único que mi cuerpo y mi alma gritaban por tener, lo único que me hacía sentir que el mundo no se iba a desmoronar, era a él.Me levanté de la silla con dificultad, decidida a subir las escaleras, a ro
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