Julian
Chicago me recibió con su habitual bofetada de viento gélido y ese olor a metal y ambición que tanto había llegado a detestar. Regresar no era un acto de nostalgia, sino una cirugía necesaria para extirpar los últimos restos de un tumor llamado Stewart Holdings.
A mi lado, Jagger caminaba con la mandíbula apretada, su figura imponente cortando el aire como una cuchilla. Y cerrando la formación, Will, el detective que se había convertido en la sombra protectora de nuestra familia, mantení