El techo de la Guarida de las Sombras retumbó como huesos rotos. La luz solar dorada que se filtraba por las grietas de la roca ya no era un símbolo de esperanza, sino una espada de ejecución lista para consumir todo lo que estuviera bajo ella. En el centro de la gran sala, Silas permanecía de pie con el cuerpo temblando, sus manos apretaban la empuñadura de su espada negra con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Detrás de él, Chloe se mantenía erguida como una sombra dulce, sus manos delicadas apoyadas en el hombro de Silas, canalizando su magia de Manipulación Mental que lentamente borraba los restos de cordura del hombre.Míralo, Silas susurró Chloe, su voz sonaba clara entre el crujido de la caverna que se desmoronaba. Míra ese hombre que se hace llamar «Dios». No viene a salvar a Aria, sino a arrebatarte lo único que te hace sentirte útil: tu protección sobre Lucian. Si le dejas entrar, volverás a ser el cobarde que huyó hace diez años.Silas gruñó, un sonido
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