La Caverna del Silencio debería haber sido un refugio, pero para Aria Crescent, el lugar parecía un ataúd hecho de cristales ancestrales. En el centro de la caverna, Lucian yacía rígido sobre un altar de piedra que latía con energía azul zafiro. Cada respiración del niño despedía una espesa niebla negra que consumía el oxígeno del aire circundante. Fuera, el rugido de las fuerzas de los Devoradores del Sol de Alaric sonaba como miles de tambores de guerra listos para derrumbar el techo de la caverna."Kaelen, dime una vez más", su voz temblaba mientras sus manos apretaban el harapos del manto de Lucian. "¿Quién debe entregar sus memorias? ¿Y qué tipo de memorias?"Kaelen, el guardián del valle, se encontraba frente a una caldera de plata que contenía un líquido parecido a una galaxia en miniatura. "No son simplemente memorias comunes, Luna. Deben ser memorias sobre el amor más puro, sin mancha de ambición. Solo eso puede domar a la 'Vacíedad' que nació de la traición. Si entregas tus
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