El mundo parecía haber perdido su voz. En el centro del Templo Celestia, ahora destruido y derrumbándose, se creó un silencio mortal en cuestión de segundos después de que Aria Crescent convirtiera su cuerpo en un puente entre la furia solar de Alaric y el vacío absoluto de Lucian. Aria ya no parecía humana; su piel irradiaba destellos de luz dorada y negra que luchaban entre sí, como si su alma estuviera siendo desgarrada en millones de fragmentos de energía.Aria... la voz sonó ronca, no procedente de la boca del majestuoso Alaric, sino de los restos de conciencia humana enterrados en la forma del Monarca Solar.Alaric se arrodilló, sus manos temblorosas acariciaron la mejilla de Aria, que ahora se sentía tan caliente como las brasas de un fuego pero tan fría como el hielo polar al mismo tiempo. Al otro lado, Lucian yacía inerte en su forma de niño pequeño, sus ojos cerrados herméticamente, aunque la aura negra del Vacío aún latía débilmente en su diminuto corazón.Toda la estruct
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