La cueva del Valle de la Ceniza ya no se sentía como un refugio, sino como un ataúd hecho de piedra fría. La temperatura seguía descendiendo, haciendo que cada aliento de Aria saliera en forma de humo blanco que se congelaba al instante. Frente a ella, Silas era levantado por cadenas de sombras tejidas, parecía, con la sustancia más oscura del universo. Por otro lado, Alaric comenzaba a emitir fuego dorado inestable un fuego que ya no proporcionaba calor, sino que consumía las paredes de la cueva y amenazaba con derrumbar toda la estructura sobre sus cabezas.Elige, Aria Crescent hizo eco la voz de Malakor, no de un solo lugar, sino como si proviniera de las propias rocas. Salva al rey que te rechazó, o al caballero cuya alma ya me pertenece desde que tocó el vacío en las profundidades.Aria permanecía en un punto imposible. En su mano derecha, sentía la energía lunar latiendo con inquietud, y en la izquierda, abrazaba a Lucian, que temblaba violentamente. Sus ojos se fijaron en Silas
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