El cielo sobre el Bosque Prohibido había muerto. No porque la noche hubiera caído, sino porque la luz solar auténtica del firmamento había sido exprimida hasta la última gota por Chloe, mientras la oscuridad de abajo había sido consumida por el despertar de Malakor a través del cuerpo de Silas. El aire vibraba con una frecuencia que dolía los oídos, un sonido como de metales chocando en una dimensión hendida.
Silas, o lo que quedaba de él, permanecía de pie con una elegancia aterradora. Su cabe