Cuando Rafaela llegó al apartamento de Ethan, lo llamó para avisar que ya estaba allí.—Aún no estoy listo. Sube inmediatamente —dijo él, con un tono de mando.—No, gracias. Voy a esperarlo en el coche —respondió ella, intentando evitar la situación.—Eso no fue una petición —dijo, cortando la llamada en su cara.—Ay, ¡cómo odio a ese hombre! —exclamó Rafaela, golpeando el volante, frustrada.—¿Qué pasó? —preguntó Kate, preocupada, en el asiento de al lado.—Me apuró, dijo que estaba atrasado, pero ni siquiera está listo. Y ahora me ordenó subir.—Si yo lo supiera, no habría venido contigo —resmungó Kate, cruzándose de brazos.—Amiga, espérame aquí. Vuelvo rapidito.Rafaela salió del coche con el corazón acelerado, caminando hacia el ascensor del edificio. Mientras presionaba el botón del piso de Ethan, el nerviosismo se apoderaba de ella. La situación con él estaba extraña desde el beso inesperado de la noche anterior, y ahora, subir hasta su apartamento parecía una prueba de resiste
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