Jaula de Cristal y Secretos AmargosEl eco del golpe de la maleta contra el suelo todavía resonaba en el gran vestíbulo cuando Alexander, ignorando la mirada de triunfo de su madre, tomó a Elena del brazo con una firmeza que no admitía réplica. Sus dedos quemaban la piel de ella, pero no era el calor del deseo, sino la urgencia del que intenta retener a alguien que se le escapa entre los dedos.—Sube a la habitación, Elena —ordenó él con voz ronca—. Ahora.Victoria intentó intervenir, pero una mirada gélida de Alexander la detuvo en seco. Él guio a Elena escaleras arriba, casi cargando con su peso, mientras ella subía como un autómata, con el alma arrastrándose por los escalones. Al entrar en el dormitorio principal, Alexander cerró la puerta con llave, creando un espacio donde el aire parecía escasear.Elena se giró, mirándolo con una mezcla de asco y desolación. Sus ojos, antes llenos de una luz tímida, ahora eran dos pozos de amargura.—¿Así que este era el plan maestro? —soltó ell
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