Jaula de Cristal y Secretos Amargos
El eco del golpe de la maleta contra el suelo todavía resonaba en el gran vestíbulo cuando Alexander, ignorando la mirada de triunfo de su madre, tomó a Elena del brazo con una firmeza que no admitía réplica. Sus dedos quemaban la piel de ella, pero no era el calor del deseo, sino la urgencia del que intenta retener a alguien que se le escapa entre los dedos.
—Sube a la habitación, Elena —ordenó él con voz ronca—. Ahora.
Victoria intentó intervenir, pero una