El frío de la ausencia
El regreso de la clínica fue un trayecto sumido en un silencio sepulcral. Victoria mantenía la vista fija en la ventanilla del auto, con una media sonrisa que Elena no alcanzaba a comprender. Para Elena, el examen de sangre había sido solo un trámite más, un exceso de celo de su suegra; para Victoria, era la mecha encendida de una bomba que estallaría en menos de veinticuatro horas.
Al llegar a la mansión, Victoria se despidió con una cortesía gélida.
—Descansa, Elena. Ma