El heredero del silencio
Había pasado el tiempo, pero en la mansión Blackwood los días no se contaban por horas, sino por la densidad del silencio. El vientre de Elena ya era una curva prominente que reclamaba su espacio en el mundo, pero ella se esforzaba por hacerse invisible. Pasaba la mayor parte del tiempo encerrada en su habitación, sintiendo el peso de la vigilancia de Bruno, el guardaespaldas que Alexander había asignado para seguirla como una sombra. No era una protección; para Elena,