—¡Hola, Taylor! —exclamó ella con genuina alegría.Taylor se acercó a ella y, con una delicadeza abrumadora, se inclinó ligeramente para darle un beso tierno en la mejilla, rozando su piel con afecto puro.Lo que ninguno de los dos notó en ese milisegundo fue que, apenas unos metros atrás, al salir del ascensor lateral, caminaba Julieta Blackwood.Al ver la escena de la bienvenida —a Taylor besando la mejilla de Elena con tanta soltura y la sonrisa radiante de la joven—, Julieta se detuvo de golpe. Sintió un pinchazo físico de dolor en el centro del pecho. De manera instintiva, dio un paso atrás y se ocultó tras una de las gruesas columnas de concreto del pasillo, conteniendo la respiración para no ser descubierta. Su corazón latía con violencia, mientras contemplaba la escena desde las sombras.—¿Cómo estás? —preguntó Taylor, manteniendo la mirada fija en los ojos de Elena.—Bien... me alegra tanto saber que estás aquí, libre —respondió Elena, dejando escapar un suspiro de alivio—. E
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