—¡Hola, Taylor! —exclamó ella con genuina alegría.
Taylor se acercó a ella y, con una delicadeza abrumadora, se inclinó ligeramente para darle un beso tierno en la mejilla, rozando su piel con afecto puro.
Lo que ninguno de los dos notó en ese milisegundo fue que, apenas unos metros atrás, al salir del ascensor lateral, caminaba Julieta Blackwood.
Al ver la escena de la bienvenida —a Taylor besando la mejilla de Elena con tanta soltura y la sonrisa radiante de la joven—, Julieta se detuvo de go