Arturo asintió en silencio, tomándola del brazo para darle el soporte físico que sus piernas debilitadas por la culpa apenas podían sostener. Ambos salieron de la cafetería y caminaron hacia los ascensores en un silencio solemne, roto únicamente por los hipidos contenidos de la matriarca.
Mientras tanto, en la suite de cuidados intensivos, la paz parecía haber retornado tras el violento desalojo de Flor. El oficial Carlos y su equipo habían colocado una cinta de restricción en la puerta rota y