Elena dio un paso al frente, libre del miedo que la había paralizado durante días en la celda. Miró a Flor con una dignidad inquebrantable, con la fuerza de la madre y la esposa que finalmente ve la luz al final del túnel.
—La única que montó una trampa aquí fuiste tú, Flor —dijo Elena, con una voz firme y cargada de desprecio—. Quisiste destruir mi vida, me quitaste a mi hijo recién nacido y quisiste asesinar al hombre que decías amar solo por tu maldita ambición y despecho. Pero la verdad sie