Elena dio un paso hacia la puerta de la suite, pero Julieta se movió con rapidez, colocándole una mano suave pero firme en el hombro, deteniendo su avance con una expresión de cautela profesional.
—Espera, Elena, escúchame con atención —le pidió Julieta con un tono protector—. El doctor tuvo que sedarlo de inmediato porque sus niveles de presión arterial y su actividad cerebral se dispararon al despertar. Dijo que no podíamos alterarlo bajo ninguna circunstancia y que debíamos dejarlo descansar