La Marca de la SangreElena se miró en el espejo del tocador del restaurante, respirando hondo para recuperar la compostura que Taylor le había devuelto con sus promesas. Se retocó el labial, tratando de ignorar que, a solo unos metros de la puerta, el hombre que le rompió el corazón cenaba con la mujer que le robó su vida.Al salir del baño, sumida en sus propios pensamientos, sintió un impacto suave contra sus piernas.—¡Oh! Disculpa —dijo una voz pequeña y cristalina.Elena bajó la mirada y su corazón dio un vuelco. Era él. Max la miraba con unos ojos oscuros que brillaban con una inteligencia impropia para su edad. El niño retrocedió un paso, apenado por el tropiezo. Elena, impulsada por una fuerza invisible, se colocó a su altura, doblando las rodillas sobre el suelo de mármol sin importarle su vestido.—No te preocupes, pequeño —dijo ella, con una dulzura que le brotaba del alma—. Pero no deberías estar solo por aquí, es un lugar muy grande.Max le sonrió, y Elena sintió que el
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