La promesa
El lujoso vestíbulo del hotel, con sus suelos de mármol pulido y arreglos de orquídeas blancas, se sentía como una zona de tregua temporal para Elena. Sin embargo, en cuanto cruzaron el umbral, la sensación de ser observada le recorrió la nuca como una corriente eléctrica.
—Vayamos a almorzar, Elena —dijo Taylor, rompiendo el silencio que se había instalado entre ellos desde que salieron de la empresa—. Ya es hora de comer algo. Has tenido una mañana agotadora.
Elena se detuvo, miran