El precio de una mentira
Alexander todavía tenía el auricular del teléfono en la mano, con las palabras de su obsesión aún flotando en el aire denso de la oficina, cuando el pomo de la puerta giró con una lentitud deliberada. Flor entró con paso firme, barriendo la estancia con una mirada que pretendía ser de dueña y señora, pero que ocultaba una tormenta de nervios.
—Hola, amor —dijo ella, forzando una dulzura que sonó a metal rozando cristal.
Alexander se dio la vuelta bruscamente, sus ojos g