El juego
La mañana en Blackwood Industries comenzó con la frialdad mecánica de un reloj suizo. Elena llegó al edificio antes que el grueso de los empleados, buscando ese refugio de silencio que solo el amanecer corporativo permite. Taylor ya estaba en su despacho provisional, sumergido en hojas de cálculo, pero ella prefirió quedarse en su escritorio, organizando la papelería con una concentración casi meditativa.
Mientras acomodaba unos informes de auditoría, sintió una presencia que hizo que